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Este sábado pasado, 10 de febrero, hicimos nuestro debut en el mundo del Coaching Natura: Elena, Alberto, Ricardo y yo, guiando, y un grupo de 24 personas más entre amigos, clientes, compañeros y otros.
No puedo transcribir lo que pasó a cada uno. Pero yo lo viví doble, como organizador y como participante.
Quise y conseguí sumergirme en la magia que mis compañeros creaban, con la intención de emerger, desde allí, con el corazón bien abierto y poder regalar a cada uno de ellos la experiencia de la grandeza que significa pertenecer a la naturaleza.
Fueron 3 horas de trabajo, pero 6 de compartir, entre la comida y el trayecto. Al final flotaba en el ambiente las sonrisas abiertas, los abrazos amistosos, los ojos que miran por encima de la barrera esa que se nos instala sin saber como, la sensación de haber expandido un poco más el cuerpo y el alma y las ganas de algunos de repetir y en otros de retornar más a menudo a la naturaleza a cargar sus pilas.
Volver a la Naturaleza con la intención de ir soltando la carga de preocupaciones, responsabilidades, etiquetas y juicios que el rol que desempeñamos en la ciudad nos genera a menudo... esa es la invitación.
Confianza, atrevimiento, cariño, ayuda, ganas de ir más allá de lo cotidiano. Eso fue lo que algunos declararon que se habían llevado.
Solo de un ejercicio quiero hablar, sin desvelarlo. El de la piedra. Quedé maravillado al comprobar cuántas vivencias diferentes suscitaba. En la rueda, cuando todos hablaron de lo que ocurrió...¡qué diversidad de vivencias! Con cada experiencias había una información riquísima, para detenerse, contemplarla y así conocerse mejor.
Os agradezco a todos, participantes, organizadores y a Monolo Cetina, que nos brindó los ejercicios, este primer paso, que pretendía ser solo un aperitivo para nuestro trabajo más largo, “Cultivando el Equilibrio”. Gracias por confiar en nosotros y en vosotros.
Y una última cosa, en estos días si queréis, buscad el cielo para sentir la inmensidad de su azul, sentid en el viento el compañero que os guía y empuja, apreciad el calor del sol que nos arropa y mirad a los ojos de vuestros semejantes con un poco menos de carga y de juicios, de igual forma que los árboles nos miraban a nosotros.
¡A ver qué pasa!
coaching, naturaleza, equilibrio


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