miércoles, 18 de abril de 2007

LA QUEJA

Monumento a Alfonsina Storni frente a la playa La Perla en Mar del PlataBuscando no se muy bien qué, tropecé con este poema de Alfonsina Storni, una poetisa argentina de gran sensibilidad, nacida en el siglo del romanticismo, cuya muerte trágica inspiró un delicado poema que ha sido convertido en uno de las canciones más bellas en la voz de Mercedes Sosa: Alfonsina y el Mar.

Después de releer con cuidado el poema creo que, sin mermar su belleza y sencillez, puede servir para analizar este tema de la queja que estamos desmenuzando vivencialmente.

La poesía es una de las formas lingüísticas que mejor incorpora lo emocional, por lo que adentrarnos en este poema con la perspectiva del coaching parece compatible, ya que recordemos que miramos a la persona en sus tres dimensiones: lingüística, emocional y corporalmente.

El tono del poema es de sufrimiento y tormento por algo que la poetisa no puede conseguir: amar. Sin embargo es de amor que está muriendo. La súplica se eleva a Dios, con lo cual queda patente lo dramático de la situación.


QUEJA


Señor, mi queja es ésta,
Tú me comprenderás:
De amor me estoy muriendo,
Pero no puedo amar.

Persigo lo perfecto
En mí y en los demás,
Persigo lo perfecto
Para poder amar.

Me consumo en mi fuego,
¡Señor, piedad, piedad!
De amor me estoy muriendo,
¡Pero no puedo amar!




¿Cómo hace la protagonista para amar? Persigue lo perfecto en ella y en los demás. La perfección, la constante búsqueda de algo mejor, la exigencia absoluta. ¡Podemos ver el enorme consumo de energía de todo esto! La protagonista muere ahogada (y literalmente así fue) en su perfección. ¿Y qué es la perfección? ¿Lo que otros han contado, lo que mi mente con la suma de mis conocimientos y experiencias imagina que es el ideal?

La aceptación, supone (1) la definitiva renuncia a la perfección, o (2) un nuevo enfoque de ésta. Como renuncia, la aceptación es humildad, como reenfoque la aceptación supone que la Vida es perfecta, a pesar del dolor y la muerte. Esto no es aceptable desde la razón. Tampoco se trata de fe. Simplemente hay que sentirlo. Y se siente cuando hay conexión con la vida.

Mientras toda esta lucha por lo perfecto ocurre, la poetisa, se queja: no puede amar. Se consume en su fuego y no puede amar. Porque para amar es necesario aceptar, perdonar, limpiar lo oscuro y mirar hacia delante, viendo lo hermoso, aunque se sepa que hay cosas feas y dolorosas.

Podemos no renunciar a la ambición, al anhelo de perseguir nuestros sueños, siempre que sepamos aceptar que todo eso no es más que un juego, y que lo verdaderamente increíble no es que el momento sea perfecto, sino que esté vivo, que "sea".

Como dijo Antoine de Saint-Exupery: "La perfección se logra al fin, no cuando no hay nada que agregar, sino cuando ya no hay nada que obtener."

Lo que aprendo de este poema, desde la perspectiva del coaching, es el peligro de instalarme en la queja. Porque cuando estoy en la queja me estoy jugando, nada más y nada menos, que el AMOR. Demasiado alto es el precio para seguir jugando a quejarme. Yo paso.



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2 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola Ahmed he leido por arriba el blog y quiero colaborar con dos breves reflexiones; la queja es un
camino erróneo e inútil pues no colabora al cambio de la situación, pero puede ser simplemente una reflexión, un darse cuenta en voz alta de lo que a uno no le gusta, de lo que no quiere, pero para que tenga
ese cariz positivo debe ser el paso para el cambio.

Sobre la aceptación hay un pensamiento de no se qué
filósofo que dice:

Dame señor coraje para cambiar las
cosas que puedo cambiar,serenidad para aceptar las que no puedo
cambiar,e inteligencia para ver la diferencia.

Besos,
Montse

Ahmed Pría dijo...

Hola Montse:
Debemos diferenciar entre quejarse y declarar o reclamar. Yo declaro que esto que hiciste no me gustó y que produjo estas consecuencias. Yo puedo reclamar que tú me compenses por ello o no. Por ejemplo pidiendo perdón o comprometiéndote a no volver a hacerlo, etc.

La energía de la queja es no enfocada, mientras que la declaración o reclamo sí lo es.
Un beso y gracias