¿Dónde están nuestros “agujeros” energéticos por donde se nos escapa la paz?
¿Qué podemos hacer para taponarlos?
Para ello nuestro enfoque fue la observación de nuestros pensamientos. Cada segundo hay un sinfín de pensamientos que se ponen en marcha. Algunos movilizan emociones y órganos corporales. A su vez estas emociones y energía corporal empujan hacia ciertos pensamientos. Cada pensamiento es responsable, directa o indirectamente, de un gasto de energía. ¿Hemos pues de parar los pensamientos? No, la vida consiste en gastar energía y las mitocondrias, en la célula, trabajan para ello.
La pregunta es otra: ¿Es ese gasto equilibrado?
Los pensamiento generan un gasto energético directo ya que el sistema neuronal de la corteza cerebral está en acción. Pero entre pensamiento y pensamiento hay unos espacios de descanso. Si comprimimos este espacio para llenarlo de más pensamiento el gasto será mayor.
Por otro lado los pensamientos gatillan emociones. Hay emociones que energetizan y otras que desvigorizan. Todos lo sabemos por experiencia. Sin duda esto tiene que ver mucho con la respiración. Hay emociones que nos empujan a respirar entrecortado y a contraer el cuerpo. Hay otras que, sin embargo nos llenan de aire. Para profundizar en este punto podéis consultar el enfoque de Susana Bloch sobre las emociones.
Y finalmente los pensamiento y las emociones generan posturas corporales y movimientos. Estos pueden ser más calmados y armónicos o más tensos.
Es evidente que cuando hay que correr porque hay un oso detrás nuestro que nos persigue es necesario poner todo el cuerpo, emociones y pensamientos en la máxima alerta y tensión para escapar. Ahora bien, el hombre civilizado reacciona de la misma forma, aunque el peligro no sea tal. Algunos dirán que su jefe es peor que un oso, pero eso es sólo metafórico. Es cierto que perder el empleo puede ser duro, pero no te juegas la vida! A veces hasta te hacen un favor.
De todos los pensamientos hay una clase que son especialmente voraces de energía. LA QUEJA.
Aclaremos una cosa. Cuando hablamos aquí de queja no nos referimos a:
- declarar lo que no me gusta,
- reclamar
- rechazar una actitud o postura.
La queja es una actitud constante de declaración de que algo me molesta y cuya intención directa no es acabar con la situación que la provoca. Además la queja va unida a una emoción de enfado y de temor. Es el enfado el que saca el constante gruñido o el exabrupto de la queja, y es el temor el que nos paraliza para hacer algo más.
Nos comentaba Angels que la queja le iba bien, porque era peor comérselo. Sí, es cierto. Casi es una ley: las emociones han de expresarse. Ahora bien, que eso no nos dé pie a regodearnos en ello. Ese regodeo es la queja.
La propuesta es que observes tus pensamientos y puede que llegues a ver cómo la queja se va formando (en la meditación vipassana se aprende a observar el momento en que la respiración cambia su patrón y eso nos indica que la emoción va a salir. Entonces aun se tiene tiempo para hacer algo). Para ello hay que empezar poco a poco. Escoge una sola queja y obsérvala, síguele la pista, averigua cuánta energía pierdes y cuánta ganas si no lo haces o reduces tu queja.
Hace años el director financiero de la empresa para la que trabajaba me dijo. No se trata de gastar menos, sino de invertir. Que cada euro que gastes sea verdaderamente para invertir. No hay tantas diferencias entre una empresa y una persona. La empresa necesita el beneficio económico para reinvertir y crecer, la persona necesita el beneficio energético por la misma razón, seguir creciendo con vitalidad.
Entonces, ¿Con esos pensamientos que tengo, estoy invirtiendo en mi propósito más grande o estoy tirando energía?
Este domingo tuve la oportunidad de expresar mi queja a la madre tierra. Fue muy hermoso. Yo estaba fuera, en un círculo sagrado que había hecho con palos, contándole a la Pacha Mama sobre las quejas de Ahmed. Entonces empezó a lloviznar y escuché un trueno. Pensé en lo peligrosos y potentes que son los rayos y sin embargo la tierra los absorbe sin más. Y busqué dentro mío esa misma tierra para ser capaz de ver esos rayos de rabia, envidia, necesidad, invasión, de los otros y ofrecerles mi tierra. Le pedí a la Madre Tierra, enséñame a hacerlo. En lugar de quejarme, absorberlo, disolverlos. Confieso que me conmoví.
ahorro, queja, observar


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